
… Necesito alguien que me emparche un poco y que limpie mi cabeza,
que cocine guisos de madre, postres de abuela y torres de caramelo…
Sui Generis
El hambre, la miseria, el abandono no puede ser naturalizado. Es abandono niños en la calle haciendo malabares en los semáforos. Y no son los malabares más difíciles. Polimodales desiertos de adolescentes y a tal abandono quieren la cárcel. ¿Cuántos calabozos van a construir?
La solución no radica en bajar la edad de imputabilidad en los menores, aunque muchos nos quieran hacer creer que es una alternativa eficaz para combatir la inseguridad. La solución está en otro lado, justamente en materializar los Derechos de nuestros niños, salud, educación, vivienda, derecho a una familia, derecho a jugar.
Donde hay una necesidad hay un derecho, exclamaba Eva Duarte. Derechos que hoy están vapuleados, vulnerados, estancados, pisoteados. Hoy forman parte del rincón de los inexistentes, las necesidades son enormes y cada vez más básicas, mientras que a los derechos los han ausentado.
Ese “los han” no es azaroso sino que busca ser punzante desde todas sus complejas dimensiones, siguen estigmatizando a nuestros pibes, siguen haciéndonos creer que son ellos los criminales que nos ponen en peligro. Sin contemplar que en realidad es justamente a la inversa, nuestros pibes están en peligro.
“Día tras día, se niega a los niños el derecho a ser niños. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”, describe Eduardo Galeano. Nosotros no podemos ni debemos permitir que el futuro de nuestros pibes sea una decisión de magia, de suerte.
Es inconcebible un estado que continúe ausentando al futuro de la Nación, es inconcebible el reclamo de “mano dura” y “tolerancia cero”, que se tergiverse la información, reduciéndola a un problema de criminalidad de sujetos menores de edad, problema que no es real.
Entendemos que tratar esta realidad desde sus bases ha de ser muchísimo más compleja y contradictoria, porque desde ahí se podrá comprender que el problema, como se dijo anteriormente, no son los jóvenes, sino la ineficiente distribución de las riquezas, que garantice trabajo digno para sus padres y que sostenga como base para el cambio la equidad, en el sentido más amplio de la palabra.
Es primordial ampliar el presupuesto, para subsanar las necesidades básicas insatisfechas, y garantizar la inclusión de todos los ciudadanos en políticas participativas y de organización social. Por ello acotar las dimensiones del problema real y suponer que bajando la edad de imputabilidad se solucionan importantes problemas sociales es atender solo a los síntomas para desentenderse de algo mucho más complejo.
No hay certeza que con la aplicación de esta medida la inseguridad comience a mermar, sino que se asemeja a inoperancia en la concreción de un plan que contemple no el problema de la inseguridad, sino la realidad por la que están transitando nuestros pibes.
El deber del Estado justamente es atender a la prevención antes que al castigo penal. Ya que en los institutos o en la cárcel la socialidad es inexistente, solo hay fragmentación y violencia. Ahí no existen los insumos básicos que les corresponden a los niños. No hay ternura, ni pan, ni amor, ni 1er cuaderno, ni primer diente. Por eso si uno les saca, los priva, los aleja de todo eso, los aleja de ser niños y como decía Serrat, pasan a ser “un niño sin un niño”. Y eso es lo que no podemos ni debemos permitir.
MARINA PUSTILNIK
Texto con modificaciones publicado en "Hacia el puente" (Diario Mensual realizado por los alumnos del taller de Comunicación que dicto en el barrio Cascallares)

No hay comentarios:
Publicar un comentario